El anuncio del ángel y el mes de María

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Blog Académico

La respuesta de María ante el anuncio del ángel Gabriel ha sido constantemente causa de profundos debates. Responder ‘¿cómo será esto posible si no conozco varón?’ ha generado, a través de los siglos, diversas posturas que buscan comprender qué significa tal respuesta. Algunos indican que la dulce doncella se llena de temor y de incertidumbre ante la invitación de convertirse en la Madre de Dios; responder ‘cómo’ sería, en este caso, una duda sobre la posibilidad real de convertirse en Madre sin mantener relaciones sexuales. Otros, en cambio, han postulado que la pregunta ‘cómo’ no apunta a si es posible o no, sino a cuál será el modo. Entre una y otra postura, se han presentado dos imágenes comunes sobre María: primero, una joven obediente que, sin entender totalmente las razones, se hace sierva de Dios; segundo, una joven piadosa que, experimentando el temor de Dios y conociendo fielmente su palabra, se pregunta sobre cómo se desenvolverá tal plan.

Sin embargo, entre una y otra postura, hay una cuestión relevante que observar: el anuncio del ángel Gabriel no se presentó nunca como una obligación, sino como una convocación. ¿Qué significa esto? Que María debía responder y, en su respuesta, se generaría un acontecimiento que no cesaría de hacerse presente cada día. Con la respuesta de la dulce doncella de Nazaret, se manifiesta el acontecimiento de Cristo.

Desde la respuesta y, por ende, con la manifestación del Acontecimiento, podríamos decir dos pensamientos que colaboran en la comprensión de nuestra fe en el mundo contemporáneo. En primer lugar, toda convocación, al ser respondida, genera un acontecimiento que no deviene desde la respuesta en sí, sino de quién convoca y que, en la aceptación a tal llamada, se presenta una Alianza, una sociedad. Esto significa mucho en la propia biografía: nuestros padres nos han convocado a la vida y, en nuestra respuesta, presentamos la Alianza que han establecido. En segundo lugar, la respuesta a la convocación del ángel Gabriel permite que el Acontecimiento de Cristo se extienda, es decir, camine, coma, sufra y experimente la alegría, que realice alianzas de amistad, que guste de ver y escuchar. Se podría decir, en este sentido, que la respuesta de María da una carne que se afecta y se enriquece, que apila acontecimientos, es decir, que da los rasgos que identifican a una persona.

En este sentido, la Iglesia en Chile tiene una característica propia: el Mes de María. Nuevamente, pero esta vez en nuestro país, la identidad de las comunidades eclesiales, su cuerpo, es dado por la doncella de Nazaret. Diversos son los países que, dedicando el mes de mayo, presentan su devoción a la Madre de Dios. En Chile, sin embargo, esto ocurre entre noviembre y diciembre, justamente un mes antes del día de la Inmaculada Concepción. De este modo, en Chile, se dedica un tiempo de preparación para la celebración de la gracia que recibe María -vale decir, nuevamente, un don que recibe, pero que no se hace manifiesto hasta que se hace vida- de establecer una Alianza sin mancha.

Que este mes, dedicado a la gloria de María, renueve nuestra identidad como Iglesia en Chile y que esto nos permita colaborar, recorriendo el mismo camino que nuestros hermanos cristianos en otros países, en este tiempo sinodal. A partir de nuestra identidad, colaborar en la catolicidad de la Iglesia.

 

Por Francisco Novoa Rojas

Docente de la Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía