Dostoievski, el parricidio y… todos hermanos

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Blog Académico

Hace doscientos años, el 11 de noviembre de 1821, nacía Fiódor Dostoievski. No podemos entrar en el análisis de su extensa y compleja obra literaria. Lo que nos interesa es señalar solo un aspecto que podría hacer repensar la “religión” y la fe cristiana.

Freud, en su obra Dostoievskji y el parricidio, señala cómo en Los hermanos Karamázov se revela en Dimitri, Iván y Aliosha una “predisposición al parricidio”, que sería también propia del escritor. Ahora bien, Freud en su Presentación autobiográfica escribe hablando de la religión como “neurosis obsesiva universal”: “Un día, los hijos se reunieron, vencieron al padre, lo asesinaron. (…) Tras el asesinato no pudieron entrar en posesión de su herencia, pues se estorbaban unos a otros. Bajo el influjo del fracaso y del arrepentimiento aprendieron a soportarse entre sí y se ligaron en un clan de hermanos”. Lo que quiere decir que, una vez que es asesinado el padre, los hombres empiezan a concebirse como hermanos. En este sentido, si la específica forma de pensamiento que es la “religión” consiste en sustituir al Padre por un “Dios” genérico, indistinto, religioso, ecuménico (cf. Freud, El porvenir de una ilusión), está claro que el pensamiento que tiene la “forma-religión” nace de la remoción-parricidio del pensamiento y reconocimiento de ser hijo-herederos de un Padre: cuando los hombres niegan ser hijos de un Padre, terminan concibiéndose entre sí solo como un “clan de hermanos” indistinto, religioso.

Aquí está el significado (a menudo no valorado) de dos afirmaciones de la encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti: “Los creyentes pensamos que, sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad. Estamos convencidos de que sólo con esta conciencia [pensamiento] de hijos que no son huérfanos podemos vivir en paz entre nosotros” (n. 272). En otra afirmación aclara que se puede “ser hermanos solo en cuanto hijos de un único Dios” (n. 279), es decir, de un Padre. Lo que significa que es posible ser hermanos solo reconociéndose, primeramente, hijos de un Padre, es decir, aboliendo la forma religiosa-parricida del pensamiento.

A este propósito se entiende en este punto el significado incomparable de Cristo que es el Pensamiento-Hijo-heredero del Padre que se hace carne para que los hombres vuelvan, como escribe san Pablo, a ser de nuevo un pensamiento de “hijos y herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo” (Carta a los Romanos 8, 17).