A propósito de Jean Luc Marion

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Blog Académico

En el ambiente filosófico contemporáneo, la fenomenología ha sido, probablemente, la escuela más relevante de todas. Junto a Edmund Husserl, el padre de esta disciplina y por lo que posiblemente sea el filosofo ‘más importante’ del siglo pasado, se comienza una tradición que se ve enriquecida por grandes pensadores: Max Scheler, Edith Stein, Eugen Fink, Karl Jaspers o Martin Heidegger.

Este último, con sus destacadas habilidades intelectuales y académicas, fue el filósofo que más continuó la propuesta fenomenológica de Husserl. Su paso por la universidad, aunque vinculado al nazismo, fue un periodo de mucha riqueza para esta tradición, pues dentro de los círculos donde acontece la fenomenología, aparecen nombres como los de Maurice Merleau-Ponty y Emmanuel Levinas.

Es junto a Levinas, judío de origen lituano, que la obra de Husserl se introduce en Francia. La irrupción es fuerte, pero el avance del estructuralismo la opaca. Sin embargo, la producción de la escuela fenomenológica no se estanca y, en el año 1961, Emmanuel Levinas publica Totalidad e Infinito y, dos años después, Michel Henry publica La esencia de la manifestación. En la década siguiente, la fenomenología nuevamente tendría un momento importante en las manos de Jacques Derrida.

En este contexto, siendo alumno de Derrida, aparece en escena Jean Luc Marion. Su vida académica ha sido profundamente destacada: fue profesor en la Universidad de Poitiers, La Sapienzia, la Universidad de Turín, la Universidad de Washington y, especialmente, de La Sorbona IV -donde dictó la cátedra de metafísica, que anteriormente había sido dictada por Levinas. Actualmente, se retiró de la filosofía en Francia y realiza clases de Teología en Estados Unidos. Además, ha colaborado en los Estudios cartesianos y en la fundación de la edición francófona de la Revista Communio junto a Balthasar y Lubac. Por su trayectoria, ha sido nombrado miembro de la Academia Francesa y Doctor Honoris Causa en diversas universidades a nivel mundial. Su investigación se centra en la Historia de la Filosofía, donde su especialidad es la obra de René Descartes, y su propia propuesta filosófica: la fenomenología de la donación. Esta propuesta se ha identificado, por diversos especialistas, como un tercer gran momento de la escuela fenomenológica, luego de Husserl y Heidegger.

  Resumir la obra de Marion es un trabajo imposible. Son demasiados datos, hasta el punto que superan la capacidad de conceptualizar, en pocas palabras, lo dado en su pensamiento que, por cierto, se relaciona con los estudios sobre Descartes, la estética, la mística, la fenomenología o la teología. Sin embargo, hay tres cuestiones relevantes que, en diálogo entre filosofía y teología, pueden ser útiles.

En primer lugar, Marion denuncia que la filo-sofía ya no dice nada o muy poco del amor. Se ha hecho de este un mero concepto que terminó en lo no-dicho o no confesable y ha olvidado lo más importante: el amor se da, es un don. En este sentido, acercarse a una comprensión de la donación a partir de la caridad es, para Marion, una redefinición de lo que hemos entendido por identidad, pues postula que esta se forma por aquello que amamos (o no) y que nos ama (o no).

En segundo lugar, aunque continuando con el postulado anterior, el amor es lo que puede librarnos del ser: se puede amar lo que aun no es (un hijo por venir) o lo que ya no es (un difunto amado). A pesar de esto, se podría cuestionar a Marion por pensar fuera del ser y preguntarse ¿cómo no ser, si soy existente? La respuesta sería que uno existe como adonado, es decir, a partir de un don que adviene de otro y, en su acontecimiento, existimos. No somos más que siendo dados.

En tercer lugar, siguiendo la comprensión de la realidad a partir del amor y libres de lo que él llama el imperio del ser, la vida se convierte en un constante recorrer del mundo. Esto implica, por cierto, asombrarse y gustar de la imprevisibilidad que tiene la vida. Es acá donde se presenta su principal aporte: el fenómeno saturado. Esto lo postula como una saturación a las categorías del entendimiento propuestas por Kant y lo que las satura es el evento, el ídolo, la carne y el icono. Además, está el fenómeno saturado que satura la saturación: el fenómeno de la Revelación.

Este gran proyecto fenomenológico ha sido generado por Marion en su estudio a Descartes, Kant, Nietzsche, Husserl, Heidegger, Levinas y Henry como también con Pseudo-Dionisio, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino y Ricardo de San Víctor, aunque sin duda quedan muchos pensadores fuera de este listado. Esta rigurosidad académica y la profundidad de su proyecto fenomenológico ha sido la causa para que el estudio en la obra marioniana se acreciente a nivel mundial e influya tanto en filosofía como en teología -variadas son las relaciones que, identificadas por especialistas como Walter Kasper, identifican en Deus Caritas est, la influencia de Marion.

Debido a esta extensa obra, donde explota tanto su tradición fenomenológica como la teología católica, el pasado año 2020 fue galardonado con el Premio Ratzinger. El día 13 de noviembre del 2021 lo ha recibido en manos del Papa Francisco y, sin duda, ha sido un reconocimiento justo a una trayectoria admirable.

Por Francisco Novoa Rojas

Docente de la Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía