Nuevos tiempos. Tiempos de sinodalidad.

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Blog Académico

Ayer, domingo 17 de octubre en Chile, se dio inicio a la fase diocesana del sínodo dedicado a la sinodalidad. Este sínodo es tremendamente único y particular en la Iglesia Católica, al menos por dos grandes motivos. El primero, es que, desde su creación, como institución permanente de la Iglesia en 1965 por el Papa Pablo VI, solo se reunían los obispos, con el objetivo de mantener vivo el espíritu de colegialidad, tal como lo habían motivado los padres conciliares. Sin embargo, éste en particular, incorpora no solo a los obispos, sino a religiosas y religiosos, laicos y laicas, es decir, a la Iglesia en su conjunto.

Y, en segundo lugar, por el tema que esta vez convoca, a saber, la sinodalidad. Ciertamente suena extraño un sínodo dedicado a la sinodalidad. Pero, precisamente, la palabra sínodo interpela a plantearse uno que, dé cabida a una Iglesia mucho más horizontal que vertical, mucho más abierta a sí misma y hacia el mundo, mucho más sinodal. Su raíz etimológica, que deriva de dos palabras griegas syn y hodos que significan juntos y camino respectivamente, enfatizan la idea de un “caminar juntos” que moviliza hacia esta idea de horizontalidad sinodal.

Un sínodo es la instancia institucionalizada por la Iglesia en la que los obispos de todo el mundo, se reúnen para intercambiar experiencias que permitan dar respuestas a los problemas pastorales urgentes. Estos encuentros, dan origen a algún documento de gran importancia para la vida de la Iglesia como; una encíclica o una exhortación apostólica las que guiarán y orientarán el caminar de la Iglesia en ciertos temas particulares y contingentes.

Pues bien, este sínodo, al tratar de la sinodalidad, en estrecha sintonía con los signos de los tiempos, como declara uno de los asistentes, el teólogo venezolano Rafael Luciani, demuestra la urgente necesidad de salir del yo en la Iglesia para abrirse a un auténtico nosotros eclesial. Esto significa, comenzar a caminar en una Iglesia con nuevas prácticas comunitarias donde se instale una cultura en la que todos sus miembros, desde el Obispo de Roma a los laicos y laicas de todas las iglesias particulares, puedan expresar sus angustias y esperanzas, así como su forma de ser Iglesia y, sean realmente tomadas en cuenta. Es decir, salir de la cultura de la obediencia, a la cultura del encuentro. En efecto, esto promocionará nuevas prácticas con consecuencias eclesiológicas y pastorales más participativas, donde todos estén involucrados como Pueblo de Dios, señala el teólogo.

Este no es un proceso que nos ha tomado por sorpresa como Iglesia. Desde el Concilio Vaticano II se vienen abriendo caminos de sinodalidad y que, en América Latina, de algún modo, se fue gestando paso a paso desde los encuentros de Puebla, Medillín, Santo Domingo y, finalmente, Aparecida. Cada uno de estos encuentros, que luego terminaron en importantes documentos para la Iglesia Latinoamericana y del Caribe, fueron dando lugar hacia profundas aspiraciones de reforma en la Iglesia. Temas como: una lectura a los signos de los tiempos, así como la importancia de la conversión pastoral, fueron motivaciones que se dieron lugar en estos encuentros y, que permitieron, comprender la necesidad de una Iglesia que debe estar siempre actualizándose para comunicar con esperanza la Buena Nueva de Jesús a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Por último, no es sorprendente tampoco, que quien encabece todo este proceso que durará dos años, sea el Papa Francisco. El Papa es hijo de toda la cultura y los cambios que se han dado lugar gracias a los anteriores documentos. Aparecida es uno de los textos emblemáticos, porque en él, el Papa Francisco, jugó un papel muy importante, como uno de los obispos que contribuyó a su redacción. En Aparecida, de manera sorprendente, se enfatiza la importancia de la participación activa de los laicos y laicas y, la preocupación de que ellos ocupen un lugar real en la vida de la Iglesia. Por esto, no es extraño que el Papa hoy, encabece una preocupación que lo ha acompañado en todo su caminar pastoral y, por lo tanto, lo extrapole a toda la dimensión de la Iglesia desde Roma.

Con el Papa Francisco, esperamos con auténtica fe, caridad y esperanza que vengan nuevos tiempos. Tiempos de auténtica sinodalidad.

 

Por Soledad Aravena Aravena 

Académica de la Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía.