Trienio de crisis

Publicado por el

Blog Académico

Hemos estado viviendo un trienio de crisis, que sin salir de una, entramos a otra. De la crisis eclesiástica a la crisis social y de la crisis social en pausa, ahora estamos inmersos en esta crisis sanitaria. ¿Cómo interpretar esta seguidilla de crisis a la luz de la fe cristiana?. Es un pregunta que no tiene respuesta automática, pero si la consideramos como un espacio de experiencias que nos permite crecer como personas, sí podemos tener una visión alentadora de ella. Presentamos aquí una reflexión basada en la dimensión teologal, es decir, en aquello tan cristiano como es la fe, la esperanza y la caridad.

La crisis eclesiástica es una crisis de fe, afecta a la Iglesia, generada principalmente, por las autoridades eclesiásticas, sacerdotes y obispos. El abuso sexual, de poder y de conciencia, desveló una incoherencia entre la fe y la vida, entre el discurso y la praxis, llevando a un desencanto y pérdida de confianza en los ministros ordenados. Hay que superar esta crisis con la fe puesta en Dios, combatiendo el clericalismo, como tantas veces nos ha insistido el Papa Francisco.

La crisis social, es crisis de esperanza. La sistemática desigualdad social que ha operado en nuestro país, llevó a un colapso institucional, con un reclamo urgente de justicia, de bien común, viéndose afectada la paz y el estado de derecho. Algunos buscan solo destruir, otros soluciones estructurales a través de la no violencia. Esta crisis ayuda a plantearnos seriamente como país un tema ético y no perder la esperanza de un futuro mejor, más fraterno, más digno.

Finalmente, nuestra actual crisis sanitaria, es una crisis de la caridad. Caridad entendida en su más profundo significado que es el amor. Para san Pablo, el amor supera a la fe y a la esperanza: “Ahora quedan estas tres cosas: fe, esperanza, caridad; y la más grande de ellas es la caridad” (1Co 13,13) y san Juan define al mismo Dios como caridad: “el que no tiene caridad no ha conocido a Dios, porque Dios es caridad” (1Jn 4,8). De esta pandemia podemos aprender que la caridad es la única que nos salva, en primer lugar de la muerte y también de mirar a los demás y a nosotros mismos como hermanos que vivimos en una casa común, que con responsabilidad, con entrega desinteresada, con verdaderos actos de gratuidad podemos superar este mal y ser más y mejores personas, valorando la humanidad, cultivando la espiritualidad en la iglesia doméstica, amando más a los demás.

Pablo Uribe Ulloa

Director Instituto de Teología UCSC