El Espíritu Santo, las crisis y la espiritualidad cristiana

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Blog Académico

Vivimos momentos difíciles endistintos ámbitos de nuestras vidas (personal, laboral, familiar, social,nacional y mundial) y seguramente hemos recibido, en diversos formatos, muchos consejos sobre: “lo que podemos hacer para afrontar las crisis”, “como aprovechar este tiempo haciendo diferentes cosas que antes no podíamos hacer”, “lo que deberíamos hacer después de que pase este tiempo de crisis”, …“hacer y hacer”. Por otra parte, probablemente Ud. que lee este texto estará preocupado, ocupado y hasta muy cansado tratando de solucionar los problemas que se le han presentado, adaptándose a la nueva situación y ayudando solidariamente en lo que se pueda a tantos que lo necesitan.

Quisiera aprovechar este tiempo de Pentecostés, en que buscamos avivar la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para llamar su atención como cristiano en un aspecto del Espíritu, a veces olvidado. Le invito a tomar conciencia de que el Espíritu Santo es “Consolador” (Juan 14, 16), no solo porque nos mueve a hacer algo, sino porque “Él hace y acontece” en nosotros. El primer movimiento del Espíritu Santo es estar en nosotros.Previo a enviarnos-movernos a hacer algo, antes de una misión, Él es la misión de Dios en nosotros, Él habita en nosotros (Juan 14, 17;1Corintios 3, 16). Ser discípulo de Jesús no implica solamente hacer lo que Jesús hacía, sino aprender a estar con Jesús, escuchar su Palabra, disfrutar de su presencia, acoger ser hijo en el Hijo (Gálatas 4, 6-7). Esto es algo que el Espíritu Santo posibilita en nosotros, Él es garantía de esta nueva condición (Romanos 8, 14-17; Efesios 2,18-22) como un doníntimo y vivificante que nos liga al Padre y al Hijo, desde Él ahora tenemos una nueva existencia. Por eso es el Don de Dios. El Espíritu Santo desde dentro nos hace gozar de la presencia de Dios mismo en nuestra vida (1Juan 3, 1; 2 Tesalonicenses 2, 13). Antes de ser enviados y movidos al servicio, a evangelizar, a construir una sociedad mejor, somos incorporados por el Espíritu a una intimidad con el Padre y el Hijo. Antes de movernos a fortalecer, Él nos fortalece; antes de movernosa consolar, Él nos consuela. Sinel goce-disfrute de esta presencia primera del Espíritu en nosotros, nada de Jesucristo podríamos ser ni hacer.

Como cristianos sufrimos lo mismo que todos, padecemos los mismos problemas de todos, pero con el Espíritu Santo podemos acoger el don de vivirlo todo de una manera nueva y diferente, desde y con Jesús mismo (2Corintios 4, 7-15). Este es uno de los bienes que aportala espiritualidad cristiana. Es decir, vivir la vida con todo lo que implica, pero desde el Espíritu Santo que habita en nosotros. El Espíritu Santo-Consolador nos regala-gratis esa potenciay luz interior que se despliega en la espiritualidad cristiana (Gálatas 5, 22-26). En tiempos en que estamos cansados y que hay tanto por hacer, qué bien nos viene la presencia del Espíritu Santo, qué bien que nos hace sacar agua viva del pozo interior de la espiritualidad cristiana (Juan 4, 13-14).

Dejar hacer en nosotros al Espíritu Santo (Sabiduría 7, 22-23; Isaías 11, 1-2) nos dará la sabiduría, la fortaleza, el consejo, la templanza y la ciencia que nos permitirán hacer nuestro aporte frente a tantas necesidades que hay. Pero previo a eso, la acogida del Espíritu Santo, la escucha paciente y constante de la Palabra de Jesús en los evangelios, la oración, la contemplación y la celebración cristiana nos aportarán el silencio que necesitamos para gozar de la fe, la esperanza y la caridad con la que el Padre y el Hijo acarician nuestra desolación y abrazan nuestra soledad. ¡Oremos con fe e insistencia por la acogida del Espíritu Santo!

Dr. Patricio Merino Beas

Académico Instituto de Teología UCSC