Un domingo dedicado a la Palabra de Dios: carta apostólica “Aperuit Illis”

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Blog Académico

El lunes 30 de septiembre, el papa Francisco dio a conocer su nueva carta apostólica en forma de “Motu Proprio” titulada “Aperuit Illis”, donde se instituye el “Domingo de la Palabra de Dios”, a celebrarse cada tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Su finalidad, “es hacer crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura”, riqueza inagotable que es fuente de la vida cristiana. Y así, mediante la “celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios”, se favorezca el diálogo y el encuentro entre Dios con su pueblo, para la salvación.

Esta noticia se da a conocer en la fiesta de san Jerónimo, quien fuera el traductor de las Sagradas Escrituras (en el año 383) desde el hebreo y el griego, al idioma oficial de la Iglesia, el latín. Debido a este mismo hecho, durante el mes de septiembre, la Iglesia Universal celebra el mes de la Biblia.

El título de la carta, hace referencia al texto de Lc 24,45: “les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. Donde el Resucitado, antes de la ascensión, revela a sus discípulos el sentido del Misterio Pascual y les promete la llegada del Espíritu Santo. Junto a éste, la lectura de los discípulos de Emaús, reconoce la identidad cristiana, que se relaciona con el Resucitado, la comunidad creyente, la eucaristía y la importancia de abrirnos al entendimiento de la Palabra de Dios.

El cuerpo de la carta nos cuenta que, durante el jubileo extraordinario de la misericordia, el papa había solicitado un domingo dedicado a meditar la Sagrada Escritura, es así, como se llega a establecer el tercero del tiempo ordinario. Dando con ello un sentido ecuménico, pues en ese periodo del año la Iglesia está invitada“a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos”. Igualmente, nos recuerda que a manos del Concilio Vaticano II, nuestra Iglesia redescubrió la Palabra de Dios para los fieles, lo que permitió involucrarnos con la Biblia. Por ello, el Papa destaca que es importante trabajar para que la Sagrada Escritura siga siendo accesible a los creyentes, para que seamos agradecidos por ella, comprometidos a vivir diariamente lo que ésta solicita, y para hacernos responsables de testimoniarla con coherencia.

Francisco hace las siguientes sugerencias para vivir el “domingo de la Palabra de Dios”: entronizar el texto sagrado en la celebración eucarística; destacar su proclamación y adaptar la homilía; los obispos podrán celebrar el rito del Lectorado o confiar un ministerio similar para destacar la proclamación de la Palabra en la liturgia; formar a algunos fieles como verdaderos anunciadores de la Palabra; y que los párrocos entreguen la Biblia, o uno de sus libros, a toda la asamblea con el fin de resaltar la lectura diaria, su profundización y la oración con ella, particularmente con la lectio divina. Pues la Biblia no puede ser patrimonio de unos pocos privilegiados.

Para finalizar con las sugerencias, Francisco destaca el hecho de que la homilía “es una oportunidad pastoral que hay que aprovechar”, ya que, con un lenguaje sencillo y adecuado, permite que el creyente profundice en la belleza de la Palabra de Dios y la relacione con su vida. Por ello, recuerda a quienes predican, que tienen la obligación de prepararla, dejando a un lado la improvisación, pues con ella se puede alcanzar los corazones de quienes escuchan.

La invitación que se nos hace, es que “nunca nos cansemos de dedicar tiempo y oración a la Sagrada Escritura”, debido a que en ella Dios nos habla, y al escucharla nos nutre, dejando de manifiesto el profundo vínculo entre ésta y la fe de los creyentes. Por ello, los fieles deben dar importancia real a la Biblia, escuchándola, orando y reflexionando con ella. Al hacerlo, Jesús entra a nuestra vida y se queda con nosotros, y el Espíritu Santo, la vuelve Palabra viva y llena de esperanza. Por todo lo anterior, es que se ha establecido el “Domingo de la Palabra de Dios”, para que en éste experimentemos la centralidad de la Sagrada Escritura, y fortalecidos en ella, transmitamos la fe del pueblo santo.

Lic. Cecilia Pérez Mora

Académica Instituto de Teología UCSC