Procesos sinodales: un sínodo para la Amazonía

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Blog Académico

La Iglesia, como misterio de comunión (κοινωνία), es reflejo de la comunión trinitaria. Por ello, la esencia del pueblo de Dios, llama a ejercer la participación y acogida en el “caminar juntos”, lo que denota una acción convergente de varias personas para un mismo fin. Así es entendida la palabra sínodo (“caminar juntamente”), que en el ámbito eclesial adquiere el valor de “asamblea”. “Todo lo que Dios nos pide, en cierto sentido, ya está contenido en la palabra ‹sínodo›”, pues es uno de los elementos dinámicos, participativos y corresponsables que nacen de la sinodalidad.

Desde los primeros siglos del cristianismo, el sínodo forma parte importante de la vida y misión de la Iglesia. Los procesos sinodales (sínodos, concilios, entre otros) apuntan a desarrollar la esencia eclesial (comunión), aportando al diálogo profundo y a la escucha del Pueblo de Dios: El concilio es de carácter universal, y se convoca para definir dogmas y legislar cuestiones de fe. En cambio, los sínodos, son asambleas o reuniones eclesiástica de carácter consultivo, para discernir a la luz de la Palabra y en la escucha al Espíritu Santo, las cuestiones doctrinales, litúrgicas, canónicas y pastorales que se presentan en la realidad eclesial. Existen niveles de convocatoria, como los sínodos diocesanos, y los sínodos de obispos. Los sínodos diocesanos, son asambleas de fieles (laicos y sacerdotes) de una Iglesia particular que prestan su ayuda al obispo para bien de toda la comunidad diocesana (cf. CIC 460). Y los sínodos de Obispos, son un instrumento para manifestar la comunión de todos los obispos con el romano pontífice y entre sí, y para expresar la participación del colegio episcopal en el gobierno pastoral de la Iglesia (28 realizados). Este tipo de sínodo fue instituido por Pablo VI en el año 1965, en el contexto del Concilio Vaticano II.

Dentro de los sínodos de obispos, encontramos tres tipos: Asamblea General Ordinaria (asuntos relacionados con el bien de la Iglesia Universal); Asambleas Generales Extraordinarias (cuestiones de consideración urgente); y Asambleas Especiales (trata temas concernientes a una o más regiones determinadas). Dichas asambleas tienen un proceso articulado en tres fases: f. preparatoria (consulta sobre el tema, al Pueblo de Dios); f. celebrativa (reunión de los Obispos en asamblea); y la f. de actuación (aprobación y acogida de las conclusiones del sínodo).

El camino sinodal es lo que Dios espera de la Iglesia, por eso, durante estos días (6 al 27 de octubre) se está realizando la Asamblea Especial para la Región Panamazónica, o bien, el Sínodo de la Amazonía. Convocado por el papa Francisco, el 15 de octubre de 2017. Su objetivo es, discutir el futuro de la presencia de la Iglesia Católica en la Amazonia, y su papel en la lucha contra el cambio climático.

La Panamazonía es uno de los pulmones de nuestra Tierra, y está formada por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Surinam, Guyana y Guayana Francesa. Con cerca de 34 millones de habitantes, y con más de 3 millones pertenecientes a más de 390 grupos étnicos. Los temas que se están analizando: La voz de la Amazonía; la crisis ecológica de la amazonía y la justicia social; nuevos caminos para la evangelización del Pueblo de Dios presente en los pueblos indígenas. Como sub temas: misiones evangelizadoras; posibilidad de ordenar sacerdotes a ancianos casados (indígenas), para sostener la vida cristiana en lugares remotos; referente al trabajo de la mujer en la Iglesia, se hablará de un ministerio oficial conferido a la mujer (no necesariamente el diaconado femenino); entre otros puntos.

El sínodo está dando la oportunidad de hablar temáticas de gran interés para la Iglesia universal, a pesar de tener detractores. Y así, encontrar nuevos caminos que hagan crecer el rostro amazónico de la Iglesia y responder a las situaciones de injusticia de la región.

 

Cecilia Pérez Mora

Académica Instituto de Teología