Con la celebración de la eucaristía presida por el Gran Canciller de la Universidad Católica de la Santísima Concepción y Arzobispo de Concepción, Monseñor Ricardo Ezzati, acompañado del Vice Gran Canciller, Pbro. Luis Rifo y el sacerdote José Francisco Osorio, Vicario de Educación del Arzobispado, finalizó la semana de perfeccionamiento de los profesores católicos pertenecientes a las fundaciones educacionales “Cristo Rey” y “La Asunción” en la UCSC (4 al 8 de enero).
En los cursos del Seminario se inscribieron más de trescientos maestros de los ocho colegios católicos que comprenden estas fundaciones, que asistieron a las clases impartidas en sus especialidades por docentes de la Facultad de Educación y en instrucción teológico pastoral por profesores del Instituto de Teología.
La ceremonia litúrgica tuvo lugar en el Gimnasio del mismo Campus. En la homilía habló Monseñor Ezzati, quien en la primera parte de su intervención expresó “debemos agradecer lo que el Señor nos ha entregado, iluminando nuestra inteligencia, fortaleciendo nuestro corazón y dándonos esperanzas para que con nuestra voluntad podamos a lo largo de este año de gracia, que se ha abierto hace poco, entregar a nuestros alumnos una educación de calidad, calidad que queremos vivir fundamentalmente con los valores del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”.
Más adelante, el Arzobispo de Concepción, Monseñor Ezzati indicó que “se alegraba que los profesores hubieran llegado a esta convicción profunda de la necesidad de perfeccionarse no solamente en las ciencias pedagógicas y teológicas sino en la experiencia del conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo, conocimiento que en el lenguaje bíblico no es solamente una función intelectual sino que implica la experiencia de la propia vida. Conocer en términos bíblicos significa experimentar, vivir. Entonces vale la pena, como educadores cristianos, educadores que trabajan en instituciones que quieren hacer presente a través de la obra educativa, el mensaje del evangelio del Señor, que puedan vivir este tiempo con la riqueza de la experiencia de Jesucristo, vivido y celebrado en la liturgia”.
Enseguida comentó la palabra de Dios indicando dos insinuaciones que pueden ayudar en la vida de educadores cristianos en el seno de nuestra Iglesia en este tiempo que les toca vivir.
La primera reflexión parte de la Primera Carta del Apóstol San Juan, donde el Apóstol hace una pregunta: ¿Quién ha vencido al mundo? Supone que la vida de la persona está marcada por el combate y también por el combate espiritual. Por el combate entre la fe y la no creencia. Y también por la experiencia de vivir como hijos de Dios y como hijos de este mundo. ¿Quién es el que ha vencido al mundo? ¿Quién es el hombre, la mujer que de verdad ha encontrado el camino justo para darle verdad a la propia vida, para darle verdad a la propia vocación? El evangelista contesta diciendo “quien ha vencido al mundo es el que ha conocido a Jesucristo, el Señor. Solamente el que ha conocido, el que conoce a Jesucristo, el Señor, vence al mundo.
Fuera de Jesucristo no hay salvación, verdad total. Porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida”. Una afirmación como esta define nuestra existencia de manera radical, somos hombres y mujeres que han vencido y vencen al mundo o somos hombres o mujeres esclavos del mundo. Y para responder justamente a esta pregunta, estamos llamados, invita Monseñor Ezzati, a hacernos una pregunta más profunda todavía: nosotros, ¿somos personas que hemos conocido, que conocemos y creemos conocer cada vez más a fondo a Jesucristo? ¿Somos personas que lo queremos experimentar en nuestra existencia, como la realidad más profunda?”.
“El Papa Benedicto XVI en el discurso que hizo en Aparecida, mirando la realidad de este mundo y la cultura de hoy se preguntaba ¿Cuál es la realidad? porque muchas veces el discurso que escuchamos: ¡Hay que estar atento a la realidad¡ ¡Hacerle caso a la realidad¡ ¿Cuál es la realidad ? ¿Podemos pensar en la realidad verdadera al margen del conocimiento de Jesucristo, de Dios? Aquí se cobra nuestra identidad cristiana. Nosotros hemos vencido y hemos vencido al mundo. Nosotros nos radicamos profundamente en la realidad únicamente y exclusivamente en la realidad si llegamos al conocimiento y a la experiencia de Jesucristo en nuestra vida. Esto es importante para todo cristiano, lo es con mayor razón para aquellos que tienen la misión de ser mediadores de la verdad y de la verdad de Dios con jóvenes, con niñas que pasan tantos días de su vida con nosotros”.
Y cabe también una pregunta, continúa Monseñor Ezzati: “los jóvenes que egresan de nuestros colegios ¿son jóvenes que a lo largo de doce años en muchos casos, son niñas y niños que de verdad han tenido la oportunidad de encontrarse con el Dios de la vida y por consiguiente han adquirido las herramientas fundamentales para vencer al mundo? Si hay tantos muchos de los jóvenes que son esclavos de las pasiones del mundo, desencantados por su propia vida ¿qué responsabilidad nos cabe a quienes en nombre del Señor y de la Iglesia estamos educando a estos jóvenes? El educador tiene sobre sus hombros una hermosa tarea, pero una gran responsabilidad”.
Como a mí en el día del juicio -me preguntará- si he puesto todas mis energías de hombre, al servicio de su Iglesia, de su Evangelio. Si he gastado mi vida para evangelizar. Así, a cada uno de ustedes les va a preguntar ¿Qué han hecho con el encargo que yo les he dado en la tarea de educar cristianamente a los jóvenes? ¿Qué has hecho de tu hermano? Creo que esa es una de las responsabilidades que no podemos soslayar porque como educadores queremos transmitir la vida verdadera, que consiste en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Si falta esta dimensión, faltaría una dimensión esencial de nuestra tarea educativa”.
“El segundo pensamiento del texto del Evangelio, en que se hablaba de un milagro de Jesús, del milagro de la liberación de la lepra. Jesús libera, limpia, salva. Es interesante pensar en nuestra vida”.
“El encuentro con Jesucristo significa el milagro sanador, de un encuentro de vida. Y así como ésta es una experiencia para quien les habla, para ustedes está llamada a convertirse en una experiencia en la relación a cada uno con sus alumnos y alumnas. Es bueno ponerse en la condición del leproso y agradecer a Dios que nos toque con su mano para librarnos de todas nuestras inconsecuencias y todas nuestras basuras. Y es bueno, ponerse humildemente en el lugar de Jesús para ser instrumentos suyos en la liberación de tantas lepras que son la enfermedad que aquejan a tantos jóvenes y niñas de hoy”.
Finalmente, Monseñor Ezzati expresa que “el Señor me toca, me dejo tocar por Él y paso de un desencuentro a un encuentro salvador, todas las veces que me dejo tocar por Él”.
“Si los quinientos profesores de nuestras fundaciones y los que han participado en esta semana de formación pusieran todo su empeño en esta tarea que es tarea de vocación, ciertamente darían un aporte significativo a la misión evangelizadora de la Iglesia, de una manera muy especial en este año, cuya tarea principal de la Misión Continental tocará la vida de los jóvenes estudiantes. Los invito a que asuman de verdad este compromiso”.
Enero de 2010
Asesoría de Extensión, jmd
Instituto de Teología