25 de diciembre: ¿Pascua o Navidad?

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Blog Académico

Estamos en diciembre, un mes en que finalizamos el año y que claramente está marcado por la fiesta de Navidad. A esta celebración, inmediatamente, asociamos regalos, árbol de Navidad, consumismo, aguinaldos, etc.; además un número considerable de la población a nivel mundial recuerda y conmemora que es el tiempo en que se celebra el nacimiento de nuestro salvador, Jesucristo. A primeras quedará claro que la fiesta de Navidad más allá de las cosas a las que la asociemos es fundamentalmente una fiesta cristiana.

Escuchar (hasta el día de hoy) expresiones como ¡Feliz Pascua! y ¡Pascua feliz para todos! es común para nosotros, sin embargo, pocas personas se detienen a analizar que en estricto rigor la Pascua corresponde a otra celebración cristiana, distinta a Navidad. Navidad y Pascua son dos términos que al parecer se usan indistintamente en esta fecha para conmemorar un único acontecimiento cristiano que es el nacimiento de Cristo: ¿significan o son lo mismo?

Navidad es un término latino que significa “nacimiento” y que, en una forma más arcaica, se expresaba conforme a su etimología como natividad. En el mundo cristiano es la fecha en que se conmemora el nacimiento de nuestro señor Jesucristo y que está marcado fuertemente por los regalos que reciben los niños en recuerdo a los dones que recibió Jesús por parte de los reyes magos (cf. Mt 2,11). Es una fiesta universalmente conocida y que es celebrada por cristianos y no cristianos.

Pascua es un término hebreo que significa “danzar, saltar” y es el nombre por el que conocemos a una fiesta religiosa judía de origen pecuario que consistía en el sacrificio de un animal y donde el rito de la sangre era fundamental, primero para obtener fecundidad – prosperidad en el ganado y también para untar las moradas de los creyentes para alejarlos del poder e influencia del mal. Posteriormente la tradición judía comenzó a recordarla, asociarla e incluso a reinterpretarla a la luz de la salida desde Egipto (Ex 12; cf. 13,17-22). La religión cristiana se ha valido de esta celebración judía para llenarla de un sentido nuevo a la luz del acontecimiento Jesucristo: por eso llamamos claramente Pascua a los acontecimientos de pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Habiendo aclarado la significación particular de cada palabra, es necesario afirmar que hoy no existen antecedentes claros respecto a la confusión u homologación de estos términos. Sí contamos con algunos atisbos que podrían orientarnos en el uso y utilización de estos: un antecedente – interpretación apuntaría a que con el nacimiento de Jesús se da una especie de “salto”, propio del origen de la palabra Pascua, y que sería el paso del ser (que es el mismo Dios) al existir, un existir como hombre que se materializa en la perfecta unión de naturalezas de Jesús, que es verdadero Dios y verdadero hombre.

Limitándonos ahora al lenguaje mismo debemos destacar que hoy la Real Academia Española reconoce a los términos Navidad y Pascua como sinónimos. En la cuarta acepción de la palabra, la RAE define a Pascua como “tiempo desde la natividad de nuestro señor Jesucristo hasta el día de reyes inclusive” es decir hasta el 6 de enero, lo que nos hace entender que en Navidad también tenemos una Pascua; con esta aclaración cobra algo de sentido el primer antecedente sobre el origen y uso del concepto de Pascua como también las expresiones Pascua de Resurrección y Pascua de Navidad.

Más allá de desear feliz Pascua o Navidad a nuestros seres queridos, debemos entender que con el nacimiento de Jesús se vive un acontecimiento único en la historia de salvación: Dios ha venido a habitar entre nosotros para comunicarnos de manera más cercana, como un hombre, la Buena Nueva que es fundamentalmente un mensaje de paz (Hch 10,36). Hoy debemos ser lo suficientemente susceptibles para reconocer que este niño nacido en Belén nos trajo un importante anuncio que nos posibilita participar de la vida de Dios y de la esperanza de la resurrección, compartiendo así el mismo destino de nuestro salvador que venció a la muerte de manera definitiva (cf. Rm 6,5-8).

 

Leonardo Quezada

Docente Instituto de Teología