Virgen del Carmen e Independencia de Chile

Publicado por el

Blog Académico

Estamos en el mes de la patria, tiempo en que revivimos y conmemoramos muchas tradiciones folclóricas, reflejo de nuestra identidad: es el tiempo en que conmemoramos el proceso de Independencia que tuvo su génesis con la primera Junta de Gobierno (1810) y que terminó con la firma del acta de Independencia (1818).

Figura clave en este proceso fue la advocación de la Virgen del Carmen que, sin ir más lejos, es considerada reina y patrona de Chile y generala de las Fuerzas de Armas; su veneración por parte de las fuerzas patriotas, posibilitó la mismísima Independencia. Considerando esto, se hace necesario preguntarse cómo aparece la figura de la Virgen del Carmen en Chile y cuál fue su incidencia en el proceso de Independencia.

Primero debemos afirmar que la advocación a la Virgen del Carmen no es exclusiva de Chile o dicho en otras palabras, la Virgen del Carmen no nace en Chile. Sus orígenes se remontan a una congregación religiosa de ermitaños del siglo XII (carmelitas) que decidieron vivir en el monte Carmelo inspirados en el profeta Elías; en medio de esta vida ascética la Virgen se manifestó a Simón Stock, uno de estos ermitaños, entregándole en sus manos sus hábitos y un escapulario (1251). Esto sería determinante en la identidad de la orden de los carmelitas y por supuesto de la misma figura mariana, devoción que en el mismo siglo fue transmitida a Europa principalmente a España.

Por este último motivo, es lógico pensar que la figura mariana habría llegado a América en tiempos de la conquista. La tradición más clásica nos habla de que a fines del siglo XVI unos sacerdotes agustinos habrían introducido la imagen en Chile para posteriormente fundar una cofradía junto a religiosas carmelitas en el siglo siguiente. Cabe destacar que en aquel entonces existían figuras marianas previas, propias de los tiempos de Diego de Almagro (Virgen de la Merced) y Pedro de Valdivia (Virgen del Perpetuo Socorro).

Situándonos en tiempos de la Independencia, las fuerzas patriotas encabezadas por Bernardo O’Higgins sintieron la necesidad y deseo de encomendar su suerte a alguna figura que en definitiva, pudiera lograr la victoria del Ejército libertador. La estrepitosa derrota en Rancagua (1814) había obligado a las tropas vencidas a emigrar a Argentina, lugar donde se unieron al deseo independentista trasandino encabezado por el gobernador de Mendoza José de San Martín, hecho que originó un ejército mixto conocido como Ejército de los Andes. No habiendo olvidado la necesidad religiosa patriota de encomendar su causa liberadora, en Mendoza se hace una votación secreta para elegir esta figura en donde ocupó un lugar preponderante en los escrutinios, la Virgen del Carmen que probablemente gozaba de mayor popularidad en aquella provincia argentina que en este extremo de la cordillera.

En 1817 ante un inminente enfrentamiento, O’Higgins decide proclamar a la Virgen del Carmen como patrona generalísima de las armas de Chile; preparadas, motivadas y encomendadas las fuerzas chileno-argentinas a la virgen, disputan una nueva batalla conocida en la historia como batalla de Chacabuco (1817) que fue una total derrota para las fuerzas realistas y que de inmediato despertó la conclusión de que la Virgen habría protegido a la nación y a sus ejércitos. Al año siguiente, ante una nueva amenaza realista, autoridades civiles y eclesiásticas se comprometieron a erigir un santuario en el lugar donde se llevara a cabo esta nueva batalla, que fue Maipú, donde nuevamente la Virgen resguardó a la resistencia de los Andes y que por lo antes mencionado se materializó en la construcción del templo votivo de Maipú (1892). Desde ese entonces, la figura de la Virgen comenzó a ocupar un lugar en el patriotismo popular chileno que se fue acrecentando y consolidando en la historia, principalmente en el Ejército chileno que nuevamente encomendó su victoria en la Guerra del Pacífico.

Toda esta veneración que estaba más en un ámbito informal, logró protocolizarse en 1923 cuando el papa Pío XI nombró a la Virgen del Carmen como patrona de Chile, acción que se vio consolidada en 1926 cuando en el parque Cousiño se coronó a la Virgen del Carmen como reina de Chile. Hoy no nos cabe mucha duda de que la gracia de Dios se manifestó en las huestes patriotas a través de la Virgen del Carmen. El nacimiento de esta piedad republicana nace de la necesidad netamente humana de querer aferrarse a algo o alguien que pueda interceder por las causas que anhelamos, necesidad que está más allá de cualquier creencia o expresión religiosa. La Virgen fue intercesora de la causa independentista pero solo la gracia de Dios fue la que la posibilitó. Esta es la imagen que debemos tener de esta u otras figuras marianas: el hecho de querer encomendar y dejar nuestros anhelos en un lugar seguro, en el cual puedan ser presentados de digna manera a Dios quien intervendrá activamente a través de ellas, en el destino del creyente.

 

Leonardo Quezada 

Docente Instituto de Teología