¿Terrorismo y religión? Ante la paz y los conflictos

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Blog Académico

Maquiavelo, en su famosa obra El Príncipe (1532) al tratar de la crueldad y la clemencia, recomendaba que “es más seguro ser temido que amado”. Así, desde Robespierre y su Reinado del Terror (1793-94), pasando por Zaichnevski y su manifiesto Joven Rusia (1862) hasta la más americana “Doctrina de la Seguridad Nacional” de los ’70 y ’80, podemos constatar que la recomendación de Maquiavelo de vincular “terrorismo y Estado” no ha dejado de acogerse. Hoy, y con todo lo complejo que pueda resultar el fenómeno y el enredo que pueda ocasionar a muchos las más de cien definiciones de terrorismo que existen, lo cierto es que el grupo organizado denominado ISIS ha vuelto a vincular “terrorismo y Estado” en su búsqueda de concretar su proyecto de un “Estado Islámico”.

Muchos llaman a esto “terrorismo religioso”, otros discutirán tal caracterización. Lo que me parece claro es que lo que el Estado Islámico o ISIS busca es alcanzar fines políticos más que religiosos. Por tanto, es lo político lo que les importa, y no los otros muchos ropajes que se proponen como etiquetas legitimadoras de tales acciones de esos grupos organizados. Y en esa misma línea, el principio de Maquiavelo de que “el fin justifica los medios”, los grupos llamados “terroristas” lo aplican con total consecuencia. De ahí que tanto vale un acto de guerra formal como ataques de destrucción masiva o arrollamientos por una furgoneta en la vía pública de algún lugar concurrido, como hemos visto recientemente en Barcelona, tan triste como criminal.

Por otra parte, este fenómeno tiene al parecer como objetivo afectar principalmente a las sociedades democráticas occidentales. Éstas declaran promover (y ciertamente lo hacen de muchas maneras) las libertades sociales e individuales. Los actos terroristas afectan directamente eso, al obligar a los gobiernos de esos países a ejercer un mayor control social, con la consiguiente limitación de tales libertades democráticas. Dicho en otros términos, el terrorismo logra hacer menos democráticos a los Estados occidentales, o al menos eso pretende, pues deben priorizar la seguridad sacrificando en ocasiones algunas libertades. Sea como sea, de nuevo, y esta vez por sus efectos, el terrorismo apunta al Estado, creando confusión y logrando amplificar los efectos de sus actos cautivando la atención de los Medios de comunicación social.

En suma, el terrorismo es una cuestión principalmente política, que es funcional a ideologías y regímenes no-democráticos. Naturalmente, los rasgos de personalidad de quienes son reclutados para estos grupos, así como otros muchos aspectos, juega un papel importante, por ejemplo, el fundamentalismo, que más que una cuestión ideológica es un rasgo de la personalidad de algunos o algunas. El fundamentalista lo será siempre y buscará un contenido, el que sea y que le dé una seguridad monocromática.

La fe cristiana tiene mucho que aportar, pues ella anuncia una fe que exige y promueve la libertad de la persona humana y la búsqueda sincera de la verdad y la Paz. Si bien los cristianos han cometido muchos errores y pecados de violencia en la historia, lo cierto es que la fe cristiana ha promovido siempre el bien de toda persona humana. Es esa fe cristiana la que también está a la base de la cultura democrática occidental. Si bien el terrorismo manipula la religión para sus fines políticos, no por eso la fe pierde su relevancia social, cultural y política. En esos ámbitos la fe católica propone a todos la Doctrina Social de la Iglesia. Como sostenía el Papa san Juan XXIII en su famosa Encíclica Pacem in Terris: La Paz es una tarea permanente. No es sólo la ausencia de violencia. “La Paz en la Tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la Historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios”. Ese orden es el Bien Común de la Humanidad: “el conjunto de las condiciones sociales que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de la persona” (Mater et Magistra).

 

Dr. Juan Carlos Inostroza Lanas

Académico Instituto de Teología UCSC