¿Cómo entender la Pasión de Jesús hoy?

Publicado por el

Blog Académico

La Pasión, el discreto relato de los últimos instantes de la vida de Jesús, nos permitirá meditar sobre el camino de los que, queriendo “Dar vida” a su alrededor, cosecharán el drama de la incomprensión, hostilidad y desprecio. Este relato presenta un itinerario que evoca el viaje de una persona, Jesucristo, quien ha vivido su Pasión para salvar a todos los hombres. Él es la plenitud del Don de sí mismo que se entrega por los demás, y que recibe a cambio el abandono de sus más cercanos, así como el enjuiciamiento y la condena. Este itinerario absurdo de Jesús, del cual muchas veces participamos como ajenos espectadores, representa a tantas personas en el mundo que tienen razones para avanzar hasta el final. Son todos aquellos que no se equivocan cuando testimonian de la vida, cuando no se dejan intimidar por amenazas, insultos o humillaciones y siguen siendo fieles a su más honda inspiración.

La Pasión del Señor revela las vidas de aquellos que ante la posibilidad de tomar el camino más corto y fácil, de lo banal o efímero, optan por el camino de la vida, sosteniendo una decisión a lo largo del tiempo y enfrentando las adversidades de su entorno que quiso eliminarlas o silenciarlas avanzando laboriosamente en la sucesión de sus pequeños mundos. Una Pasión que nos coloca frente al principio mismo de la pena de muerte, la tortura y burlas infligidas. Una Pasión que habla vagamente de linchamiento institucionalizado de un justo (Pilato se lava las manos), de cobardía del poder político ante a los gritos y amenazas de grupos de presión (cuestiones muy actuales). Percibo la marca del populismo y demagogia, ni siquiera se entiende por qué Jesús fue arrestado, sabiendo que él no ha hecho nada malo, puede ser por la envidia de quienes detentan perder el poder, pero el pueblo, los ahí presentes quieren su muerte. A Pilato, Jesús no le importa, temeroso de una multitud enardecida. Tampoco se entiende plenamente la acusación y eventual condenación, igual realidad de numerosos acusados a quienes no se les respeta la presunción de inocencia, juzgados institucionalmente por los mass media, degradados por el exhibicionismo público al que son sometidos sin una defensa debida.

Esta es la Pasión de Jesús que vamos a “conmemorar”. Una Pasión que debería seguir interpelando como sociedad y que invita a meditar hacia dónde nos hemos encaminando y cuál es el “Chile que queremos construir”, cantinela de tanto populismo presidencialista.

Esta Pasión de Jesús clama nuevamente por la vida, por la justicia y la solidaridad, ¡bienvenidas sean todas ellas! Una Pasión que invita a quienes buscan y desean estos principios fundamentales de nuestra existencia, a asumir los costos de aquello que tanto anhelamos. Personas que al ser consecuentes con estos principios serán a menudo mal entendidas. ¿No le pasó así a Jesús? Personas que al manifestar un entusiasmo tal por la vida, por una verdadera justicia, serán fustigadas. Personas con una enorme disposición de Donación con mayúscula, “hasta que duela” dirá san Alberto Hurtado, en una época en que esto choca con una sociedad egoísta, hedonista e individualista.

La Pasión de Jesús puede ser conocida o no, pero su camino se cruza y se repite hoy más que nunca. Se inscribe en un mundo impregnado por la misma lógica de poder y dominación, arrastrando impotentes los rostros de quienes deambulan alzando los ojos al cielo (Salmo 121), clamando por la presencia misma de Dios. Un Dios que se hace presente en la acción decidida de creyentes o no creyentes, de quienes resisten con valentía todo aquello que viole la dignidad del ser humano, honrando con su esfuerzo la vida contra todo pronóstico.

 

Edison Brito

Académico Instituto de Teología UCSC