Navidad o el Dios paradójico

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Blog Académico

La Navidad es una fecha tan significativa para el mundo cristiano, en la que se respira un ambiente especial, donde priman la cercanía, la amistad, la bonhomía, la paz, y que irradia más allá de las fronteras creyentes; es lo que se ha llamado el “espíritu navideño”, que hace, incluso, que en muchos lugares se establezcan treguas entre los contendientes en diversos tipos de luchas. Navidad es un espacio que permite que florezcan los sentimientos más nobles, sentimientos que se concretan en multitud de iniciativas y actividades solidarias en las que el denominador común es dar, más aún, dar de sí. El dar algo material va acompañado con el dar cariño, prestar atención al otro, darse tiempo para escucharlo. Es salir de sí mismo para atender las necesidades de otros.

A pesar de la obviedad, es necesario recordar que esta fiesta tan extendida en nuestro mundo es específicamente cristiana, pues celebra el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre en el vientre de María. Y lo remarco así, porque en nuestros días, en los que se insiste tanto en el retorno a las raíces, se olvidan con tanta facilidad las raíces cristianas de nuestra cultura.

Uno de los grandes problemas que tenemos como creyentes es que estamos tan acostumbrados a determinados acontecimientos que no les damos el peso que realmente tienen como, por ejemplo, que Jesús haya sido crucificado. San Pablo decía: “Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles” (1Corintios 1,23). Para los judíos, que Jesús haya sido crucificado era justamente la prueba de que no era el mesías, pues el mesías tenía que ser alguien poderoso para liberar a Israel ¡y Jesús no pudo liberarse ni él de esa muerte tan humillante! Para los gentiles, que vivían en la cultura greco-romana, que los dioses se hagan hombres es una locura o necedad absoluta. ¿Para qué los dioses van a descender a la imperfecta condición humana si están bien en su Olimpo? Creer en un crucificado es escandaloso. Habrá, pues, que rescatar el escándalo y la locura de la cruz. ¿Cómo es posible, más aún, siquiera imaginable que el Dios hecho hombre muera en una cruz, si la cruz más que afirmar su divinidad pareciera negarla?

Nuevamente, San Pablo en Filipenses 2,6-8 dice: “El cual (Cristo), siendo de condición divina, no reivindicó su derecho a ser tratado igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz”. El Hijo de Dios para poder “humanarse” como me gusta decir, tuvo que “abajarse”, abajamiento que se conoce con el nombre técnico de kénosis. En este texto de Filipenses aparece una kénosis doble: por una parte, Dios el creador, en Jesús se convierte en su opuesto, en creatura; por otra parte, al hacerse hombre se hizo el último de los hombres al padecer la muerte de cruz, la forma más humillante de morir en ese entonces. Y todo esto lo ha hecho en favor nuestro, para lograr nuestra salvación.

Dios no sólo crea sino que también cría, es decir, se preocupa por su creación y por nosotros, no nos deja abandonados. Y hace lo que es más propio de Él: dar. Nos da la existencia, pero también se nos da él mismo. La máxima expresión de amor consiste en dar la vida por otro y es lo que Dios, en Jesús, ha hecho por nosotros.

Este amor radical e incondicional de Dios por nosotros es lo que celebramos en el nacimiento de este niño en Belén. Es el Dios paradójico que no actúa en lo pomposo sino que vaciándose de sí se hace pequeño y débil como nosotros, para poder acompañarnos y rescatarnos desde lo más profundo de nuestras miserias. Es el Dios misericordioso que nos invita a la misericordia. Y éste es el fundamento de los regalos: la alegría de Dios que se nos haya regalado en este niño es lo que nos impulsa a regalar y a regalarnos.

Feliz Navidad.

 

Dr. Arturo Bravo

Académico Instituto de Teología UCSC