Teresa de Calcuta “God is Love, full of tenderness, forgiveness, full of Mercy!”

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Blog Académico

El Papa Francisco declaró santa a Teresa de Calcuta este 4 de septiembre. Debo reconocer que ella ha sido una mujer de fe muy admirada por mi desde mi época de colegial. Pude verla en persona en septiembre de 1982 en Santiago. Nos habló a los jóvenes que en esa ocasión nos juntamos con ella. Me impresionó su fragilidad física, su fortaleza personal y la humildad de su fe.

Es una buena noticia su canonización. Ella fue declarada modelo de vida cristiana. Muchos confunden eso con un perfeccionismo moralista imposible en la raza humana, y se gozan en destacar los pecados, errores y fallos del declarado santo o santa, y vociferan destempladamente gritando ¡fraude, que es un fraude!. ¡Perfecto sólo es Jesús y el Padre de los Cielos! Modelo de vida cristiana es ciertamente Teresa de Calcuta. Ella, igual que su tocaya u homónima Teresita del Niño Jesús, acogió el amor de Jesús y comprendió que eso es el centro de la vida cristiana. Dice Jesús a Pedro en el Evangelio según san Juan: “Pedro, ¿me amas?”, y se lo preguntó tres veces, al cabo de las cuales Pedro recordó su triple negación de Jesús.

Nuestra mentalidad utilitarista (y máximamente hipócrita) normalmente nos juega una pésima pasada al convencernos de que lo que importa son los resultados, las utilidades, los beneficios (y si son materiales tanto mejor!). Esa mentalidad nada entiende de lo gratuito, de lo que el dinero o las condiciones materiales de vida no pueden comprar y mucho menos valorar. Esa mentalidad no puede comprender que limpiar con cariño y un poco de agua (la disponible) a una mujer moribunda llena de gusanos, y que morirá en seguida, sea amar verdaderamente y jamás una estupidez inútil, ineficaz e incluso nociva para “ayudar” a los pobres.

Un anciano moribundo le dijo a Teresa al pasar ella a su lado: “Tengo sed”. Ella comprendió ahí que era Jesús en la cruz sediento y moribundo que le pedía un poco de agua. A la vez comprendió una misión: calmar la sed de Jesús. Él está presente en esos pobres, los más pobres de entre los pobres, y Jesús le pedía que ellos conocieran el amor. Así nació la “misionera de la Caridad”.

Su carisma “Love in action” nada tiene que ver con el frenesí solidario producto del márketing (sea mediático o pastoral) o de un exabrupto sentimental tan pasajero como carente de convicciones profundas, y tampoco nada tiene que ver con pretensiones revolucionarias que a fuer de colectivistas sólo terminan pisoteando al pobre cuando ya no sirve para los intereses de la ideología. “Love in action” es ocuparse de la persona del pobre sin tener uno otro recurso que la propia persona. Es tomarlo, tocarlo, bañarlo, limpiarle, etc., sabiendo que no podremos cambiar su situación material más que en haberle limpiado un poco sus mismas ropas y su sagrado cuerpo, pero todo cambiará para él o ella al sentir el calor, la sonrisa amorosa, la dignidad del abrazo, la mirada sincera de hermano. Antes que dar cosas y poner en juego recursos, “Love in action” es encuentro personal. Si eso no está, no es el amor de Jesús, que siempre mira a los ojos y habla a la persona concreta, y nunca mirando a una masa amorfa y menos al horizonte vacío.

Como pasa con todo lo cristiano, hay quienes (con una soberbia suma) pretenden “perfeccionarlo”. Y si de ayudar a los pobres se trata, se cree que es mejor buscar la eficiencia mundana, la de las empresas y demás organizaciones lucrativas y sin fines de lucro. Y puesto que no se entiende nada de lo que Teresa de Calcuta (Alberto Hurtado, etc.) pretende, se cree que “para ser más eficientes” hay que prescindir precisamente de lo central, de Jesús y sustituirlo por la idolatría de los resultados. Porque creen que se trata principalmente de eliminar la pobreza, ¡y no! Se trata de llevar el amor de Jesús a los pobres, de amar, sin pretender “metas materiales”. Amar en medio de la injusticia, la miseria, el dolor extremo, en medio de la impotencia suma. Como Jesús amó, abandonado por todos en la cruz (creada por los romanos, no por el cristianismo), y donde Dios Padre mostró todo su amor y misericordia. ¡El Amor es más fuerte!, gritaba san Juan Pablo II en el Parque O’Higgins a un país sordo a la voz de Jesús.

Ante el testimonio de Teresa de Calcuta se desenmascara la hipocresía de la idolatría de los resultados y su lógica violenta, de aquellos que disfrazan sus prejuicios excluyentes e injustos bajo falsas esperanzas de acabar colectivamente con la pobreza de los pobres. Una esperanza que nunca llega, porque está esclavizada por un lucro solapado, una mentalidad que idolatra la optimización de los resultados y por lo mismo excluye y mata lo que juzga inservible, descartable, inútil despilfarro de recursos en personas concretas. Esa lógica sostiene este principio: “¡Hay que mirar las cifras, no las personas!” Teresa de Calcuta nos dice que ésa no es la lógica de Jesús ni de su amor.

¡Qué difícil lo tiene la fe para convertir nuestra mentalidad arrogante y groseramente fracasada de nuestro tiempo! ¡Más aún cuando hasta los cristianos estamos tan confundidos! Por todo eso, la canonización de Teresa de Calcuta es ciertamente una muy buena noticia para la Iglesia y el mundo. Para todos aquellos que sabemos que no damos la talla, que nos reconocemos mediocres seguidores de Jesús, la canonización de Teresa de Calcuta es una muy buena noticia, que anuncia la total disponibilidad y gratuidad, sin cálculos de ningún tipo, del amor infinito de Dios por todos nosotros. Ella es ciertamente un modelo de vida cristiana para la Iglesia en esta hora.

Dr. Juan Carlos Inostroza

Académico Instituto de Teología UCSC