La formación bíblica en clave del VII Sínodo de la Iglesia de Concepción

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Blog Académico

Nuestra Iglesia ha concluido recientemente, el VII Sínodo diocesano, cuyo tema central fue “Volver a Jesucristo para renovar la Iglesia”.  Todo el trabajo sinodal estuvo marcado por intensos debates que permitieron la reflexión sobre el quehacer pastoral de la Iglesia en medio de nuestra sociedad actual. Se consultó a los más diversos grupos y se fue estableciendo un diagnóstico de cómo estamos actuando y cuánto nos falta para anunciar verdaderamente a Jesús en medio nuestro. Con todo, se propuso asumir seriamente el llamado del Papa Francisco de ser una Iglesia en salida con signos visibles de Iglesia acogedora, ecuménica, profética, sencilla, orante, misericordiosa, participativa, inclusiva, coherente, que vaya hacia las periferias. Para transitar hacia este modelo de Iglesia, el Sínodo propone tres pasos fundamentales: “El primer paso, llama la atención sobre la necesidad de comprender la invitación y la preparación requerida para caminar como Pueblo de Dios. El segundo paso llama a ejercitarnos en nuestro compromiso eclesial, siendo parte en la toma de decisiones. El tercer paso, llama a desarrollar la integración de nuestro Pueblo“ (Conclusiones nº 96). Dentro del primer paso, está la necesidad imperiosa de una sólida formación “de todos los agentes pastorales, en teología, en Sagrada Escritura, en espiritualidad, en liturgia, para poder dar ‘razones de nuestra esperanza’ (cf.1P 3,15)” (Conclusiones nº 98). La formación bíblica aparece aquí como elemento clave y facilitador de este nuevo modelo de práctica pastoral. Pero ¿por qué se ve como algo tan necesario e importante?, porque “desconocer las Escrituras en desconocer a Cristo” (San Jerónimo). Cristo es la “Palabra” del Padre dada al hombre (cf. Jn 1,1), si la misión de una Iglesia en salida es el anuncio de este Cristo, como buena noticia para el hombre, entonces debemos conocer esta Palabra de Dios que enseña una historia de salvación que cruza todo el pueblo de Isreal y resplandece en Cristo como mediador y plenitud de toda la revelación (cf. Dei Verbum nº 2). Una acción pastoral que rompa los esquemas tradicionales y vaya a las periferias, debe tener un mayor carácter bíblico (cf.Verbum Domini nº 75). Por otra parte, “la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo”(Dei Verbum, nº 21). Este mes de la Biblia, es un tiempo propicio para plantearnos la pregunta si ¿tenemos o no una buena formación bíblica y si es importante tenerla?. Si la respuesta nos orienta hacia una toma de conciencia y motiva la acción, entonces estamos en sintonía con el Sínodo y podremos ser actores protagonistas de estos nuevos tiempos, tal como nos propone el Papa Francisco. Pero aún queda una pregunta más ¿cómo formarnos adecuadamente?. Aquí propongo un posible itinerario formativo bíblico a realizar en nuestra Arquidiócesis:

-Crear grupos de animación bíblica parroquiales, de vayan haciendo el tránsito de una pastoral bíblica a una animación bíblica de toda la pastoral.

-Fomentar la práctica comunitaria de la lectio divina.

-Desarrollar el bloque completo de formación bíblica de la Escuela de la Fe, tanto en parroquias como en la sede central (Introducción a la Biblia, Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Cristología Bíblica, seminarios bíblicos, etc).

-Que los catequistas tengan una sólida formación bíblica, de tal manera que la instrucción catequética que enseñan, se fundamente en la Sagrada Escritura, así como en la Teología, en la práctica litúrgica y en la vida cristiana (cf. Christus Dominus, nº 14a).

-Organizar y participar asiduamente de charlas bíblicas en parroquias, movimientos, colegios, grupos.

-Cursar algún Diplomado en Estudios Bíblicos universitario, como hito formativo de niver superior.

Finalmente y a modo de reflexión, pensemos en estas sabias palabras poéticas del libro de Isaías:

“La hierba se seca,

la flor se marchita

mas la palabra de nuestro Dios

Permanece por siempre” (Is 40,8).

Pablo Uribe Ulloa

Director Instituto de Teología UCSC