La advocación del Carmen y el alma nacional

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Blog Académico

La solemnidad de Nuestra Señora del Carmen que se celebra el 16 de Julio, el día que según nos narra la tradición, la Virgen María se apareció en Inglaterra a san Simón Stock a quien entregó el escapulario del Carmen, esto me permite reflexionar sobre lo que ha representado la presencia de esta advocación en Chile.

María ha personificado la aspiración, la confianza más íntima y “enternecedora” que todo hijo desea: una madre. Y cuando esa madre la hemos perdido, o percibimos que la vamos a perder, necesitamos de una mano sensible que solidarice con nuestra indigencia sufrida. Dada esta confianza y amor especial del pueblo chileno por la Virgen del Carmen, es que comenzó a ser invocada en los escenarios más importantes y difíciles de nuestra historia, de manera muy especial en la lucha por la Independencia Nacional donde se pidió su maternal intercesión.

Pero pensando en María y el Chile de hoy, ¿podemos tener devoción a María y faltar a la caridad, no haciendo nada por solucionar la miseria e indigencia herida de tantos compatriotas nuestros que son el alma de esta nación? Siento que nuestro celoso amor nacionalista se encuentra enceguecido ante la miseria que ha llegado al último extremo, una miseria camuflada a destajo por la farándula televisiva del éxito (no olvidemos nuestros magnos logros deportivos), belleza, riqueza e hipocresía política y empresarial que favorecen el rating mediático. Vamos olvidando los millares de ancianos, enfermos, jóvenes y niños que pasan varios días sin comer. Muchos son los que mendigan las sobras de nuestras ferias porque la pensión no alcanza. Afirmamos no sólo una miseria económica, sino que también aquella que ha ido envenenando el alma nacional de desconfianzas, frustración, odio y rencor. La inmensa mayoría estamos consternados y cansados de las continuas informaciones de muerte, violencia, usura que se dan en diversas esferas de la vida nacional,

Creo que el llamado es para todos los sectores. Decimos amar de corazón a nuestro ¡Chilito lindo!, mojar la camiseta por este nacionalismo nuestro. El construir este Chile que tanto deseamos y amamos necesita del esfuerzo de todos. Necesitamos, entre tantas otras cosas, gestos de justicia. Hoy la injusticia se manifiesta en muchas formas de privilegios para unos pocos, políticos, generales, empresarios. Nuestra educación también es reflejo de esos privilegios en que las desigualdades sociales y económicas están presentes desde temprana edad. El mundo del trabajo manifiesta la indefensión del obrero frente a la usura de los poderosos. Nuestros Tribunales de Justicia evidencian un abismo inmenso entre los que pueden acceder a una justicia verdadera y quiénes no. Y los medios de comunicación no hacen más que enmascarar el dolor profundo del alma de Chile envenenándola con el odio y el rencor haciendo muy difícil la reconstrucción ulterior.

“Debemos buscar una forma chilena, original, creadora de establecer la fraternidad nacional que nos transforme en esta sociedad moderna y progresista” que tanto deseamos y amamos. Hoy siguen en pie las palabras que los Obispos chilenos nos dirigían en la exhortación de 1973, La paz de Chile tiene un precio. Es verdad que es otro el contexto y escenario, pero las necesidades son las mismas: “Debemos inventar, según el genio nacional, según el alma de Chile, una forma de justicia para que los más pobres, los más débiles tengan todo lo que la tierra puede proporcionarles para ser más plenamente hombres, y así descubran mejor su vocación y su dignidad de hijos de Dios”.

Nuestra devoción a la Virgen del Carmen, ¿no debería llevarnos a preguntar cómo podemos solucionar estos problemas? Nuestras devociones se vuelven vacías y estériles si perdemos de vista la caridad. Nuestra piedad puede convertirse en gran parte en sentimentalismo, sensiblería, y no misericordia en Cristo. Tan insensibles nos hemos vuelto como sociedad que aún creemos que la caridad es dar esos cien pesos en el supermercado. Tan dormidos, ciegos  y aletargados de una verdadera solidaridad social para con todos los hijos de esta tierra nuestra.

Académico Edison Brito Rebeco

Instituto de Teología UCSC