Un apremiante llamado a la comunidad internacional

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Académico Instituto de Teología UCSC.

El 20 de junio del 2014 el Papa Francisco expresó su “dolor” frente a la difícil discriminación que muchos cristianos y otras minorías religiosas sufren en Irak, al privárseles de un derecho fundamental de la naturaleza humana como es la libertad religiosa.

La fundamentación hecha por el Papa está en continuidad con las orientaciones trazadas hace ya casi 50 años por la declaración “Dignitatis Humanae” del Concilio Vaticano II, en la cual se señala que la libertad religiosa “consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros”.

Semanas más tarde, el Pontífice reiterará la defensa de este derecho fundamental en una carta al Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, instando a la ONU de intervenir para poner fin esta tragedia humanitaria. En su carta, el Papa recordó que las acciones violentas del último tiempo han obligado a los cristianos y las otras minorías religiosas “a huir de sus casas y a presenciar la destrucción de sus lugares de culto y del patrimonio religioso”.

Estos ataques violentos no pueden sino que despertar las conciencias de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y al igual que el Papa Francisco, hacer suyas las lágrimas, los sufrimientos y escuchar los gritos desesperados de tantos hombres, mujeres y niños golpeados por la violencia sin fundamentos éticos.

Frente a tales hechos la asistencia humanitaria y la protección de los que tuvieron que huir se siente como un imperativo, a menudo han escapado sólo con la ropa que llevaban puesta. La comunidad internacional está llamada no tan solo a colaborar con las autoridades iraquíes y alentar la formación de un gobierno de unidad en Irak, que sea respetuoso de los derechos humanos y la libertad religiosa para todos, sino que a utilizar los medios previstos por las normas y mecanismos del derecho internacional, a fin de hacer todo lo posible para detener y prevenir la continuación sistemática de la violencia contra las minorías étnicas y religiosas. “A cumplir acciones concretas de solidaridad, proteger a cuentos son golpeados y amenazados por la violencia y asegurar la asistencia necesaria y urgente a los numerosos refugiados, así como también el regreso a sus ciudades y a sus hogares”.

La experiencia nos ha indicado que toda violación de un derecho fundamental del hombre, es un ataque contra la salud y la sana convivencia de toda sociedad. La violencia religiosa ha comenzado a aplicarse sobre las minorías, más las trágicas experiencias de la historia humana nos señala que esta no se detendrá allí. Hoy, son los derechos de las minorías religiosas y étnicas iraquíes los que están en situación de riesgo, el mañana lo desconocemos.

Pueda la comunidad internacional encontrar una solución, ya que como manifestó el Sumo pontífice: “allí donde hay un agresor ilegítimo, está justificado detenerlo”. La sabiduría puesta en los corazones de los hombres y nuestra oración, ayude a restaurar la paz y sanar las heridas en Irak. Y que nuestras sociedades descubran el valor que significa toda búsqueda sincera de la verdad expresada en la diversidad religiosa.

Edison Brito Rebeco

Académico Instituto de Teología UCSC